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lunes, 11 de enero de 2010

Música estelar


Una de estas noches estrelladas sal a un lugar tranquilo y contempla el firmamento por un buen rato. Admira esa belleza inmensa, esos destellos argénteos en la infinidad. Después de un tiempo podrás ver la personalidad de cada una de esas estrellas; su tintineo, su color y su tamaño. Son tan maravillosas que millones de personas han dedicado su vida a ellas, han regido la historia de muchas personas y naciones. Es evidente que algo profundo esconden, es obvio que tienen un significado, que su belleza tiene un propósito. No puedo imaginarme que no sea así. Sal, contémplalas y dime si me equivoco. Pero hay algo más, a veces creo que soy el único loco sobre la Tierra que lo reconoce en ellas. Dime, cuando todo está callado y has logrado poner en silencio tu mente; cuando la inmensidad del todo te envuelve; cuando no existen pasado, presente ni futuro; cuando no hay diferencia entre tu y yo; cuando te desprendes de todo, ¿también las escuchas? Creo que en esta esfera quedan muy pocos que lo perciben, sí, ellas tienen su música propia más sublime que su apariencia.

Es algo que no les puedo describir; es tenue, profundo y personal. Ellas cantan desde hace mucho. En la antigua Grecia el jóven Pitágoras las escuchó y se convenció de que escondían algo esencial en su musicalidad. Platón las creyó sirenas girando sobre la Tierra formando acordes. Estas bellas voces femeninas tenían que tener el mismo carácter que aquello que conforma el alma misma del mundo.


¿Me crees loco ahora? Tal vez lo esté, pero a mi me parece que su melodía esconde algo divino. Creo que por ello me es incomprensible. Sólo puedo quedarme como hechizado ante sus brillantes sonidos sabiéndome ante algo muy superior a mi. Inténtalo, dale un descanso de esta ciudad a tus oídos y escucha más allá de todo, en la lejanía absoluta. Te doy el mismo consejo que Shakespeare nos dio hace muchos años y que pocos atienden


Siéntate, Jessica, y contempla esa bóveda
de cielo, tachonada de patenas.
Qué brillante oro son: ni el más pequeño
de los orbes que ves, no tiene
canción de ángel en su ruta,
concertada aún con querubines
de mirar juvenil: tal armonía
en almas inmortales así mora.

-Shakespeare, El Mercader de Venecia


¿Qué es lo que escuchas? ¿te traen algún recuerdo? O tal vez ¿te hablan de las más bellas virtudes como la esperanza y el amor? Sólo tu puedes hallarles voces para ti, pero necesitas a alguien cerca para no sucumbir, la soleded puede volverte loco y transformar todo en desesperación, cuidado porque

[...] lo único que se nos ha dado a los seres humanos para soportar 
la inmensidad del universo es el amor de unos a otros.

-Carl Sagan, Contacto


Y necesitas tenerlo en abundancia para sobrevivir. Descubrirás que las estrellas te hablan de las personas que amas, te recuerdan incesantemente los instantes en que hubo amor en tu vida. Son testigos inmutables de lo efímero cuando es compartido. Si un día estoy contigo y estamos rodeados de esa música te voy a hacer un regalo, un poco de mi que conservarás en el firmamento para siempre, para que me recuerdes


-Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo...

Y rió una vez más.
-¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!
-Mi regalo será ése precisamente, será como el agua...
-¿Qué quieres decir?

La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecítas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...
-¿Qué quieres decir?
-Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!
Y rió nuevamente.
-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada...
-Antoine de Saint Exupéry, El principito


Y yo al mirar las estrellas sabré que su melodía se ha hecho más hermosa porque tú estás en ellas. La gente me creerá loco, el mundo me tomará por un chiflado que no vive la realidad pero tu sabrás la realidad; tú serás testigo de mi dicha eterna y nos sabremos parte de la majestuosidad del cosmos. Tú me habrás hecho partícipe de lo divino en la melodía de tu vida y siempre que yo decida visitar mi jardín interior, a cuidar de mis flores del tiempo de mi vida escucharé tu voz como partícipe de mi ser, de lo más hermoso y profundo que puede haber en mi.

La columna de luz que irradiaba desde el centro de la cúpula no sólo era visible: Momo estaba empezando a oírla. Al principio era como un susurro, como el que, de lejos, produce el viento en las copas de los árboles, pero después el bramido se hizo más potente, hasta que se pareció al de una catarata o al tronar de las olas del mar contra una costa rocosa.

Y Momo escuchó, cada vez con mayor claridad, que ese estruendo se componía de incontables sonidos que cada vez se ordenaban de nuevo entre sí, se transformaban y formaban cada vez nuevas armonías. Era música y, al mismo tiempo, otra cosa. Y, de pronto, Momo lo reconoció: era la música que a veces oía, muy bajito y como de muy lejos, mientras escuchaba el silencio de la noche estrellada.

Pero ahora, los sonidos se volvían más y más claros y brillantes. Momo intuyó que era esa luz sonora la que hacía nacer de las profundidades del agua negra cada una de las flores de forma cada vez diferente, única e irrepetible.
Cuanto más escuchaba, más claramente podía distinguir voces singulares. Pero no eran voces humanas, sino que sonaba como si cantaran el oro, la plata y todos los demás metales. Y entonces aparecieron como en segundo término voces de índole totalmente diferentes, voces de lejanías impensables y de potencia indescriptible. Se hacían cada vez más claras, de modo que Momo iba entendiendo poco a poco las palabras, palabras de una lengua que nunca había oído y que, no obstante, entendía. Eran el sol y la luna y todos los planetas y las estrellas que revelaban sus propios nombres, los verdaderos. Y en esos nombres estaba decidido lo que hacen y cómo colaboran todos para hacer nacer y marchitarse cada una de esas flores horarias.

Y, de pronto, Momo comprendió que todas esas palabras iban dirigidas a “ella”. Todo el mundo, hasta las más lejanas estrellas, estaba dirigido a ella como una sola cara de tamaño impensable que la miraba y le hablaba.
-Michael Ende. Momo


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Este texto lo publiqué hace un par de años en mi antiguo blog; se los comparto de nuevo esperando que les guste [dejen comentarios ;-)]

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Lluvia de estrellas


Es muy conocido que de vez en cuando caen cosas del espacio exterior a nuestro planeta. Como por ejemplo el asteroide que contribuyó a la extinción de los dinosaurios dejando detrás al enorme crater de Chicxulub. Ese fue una gran roca que chocó con la Tierra, pero frecuentemente interceptamos cuerpos más pequeños en nuestra órbita alrededor del Sol; todos los días varias decenas de ellos caen a nuestra atmósfera. La mayoría de ellos se desintegran en ella antes de llegar al suelo creando una línea de luz que llamamos "estrella fugaz".



Para todos los que vivimos en la ciudades la mayoría de estas estrellas fugaces nos pasan desapercibidas. En buena medida debido a que las luces de la ciudad o la de la Luna las opacan, pero también porque no tenemos la costumbre de ir caminando por la noche con la mirada en el cielo así que, si ustedes son como yo, es posible que lleven ya varios meses, o incluso años, sin ver una. Pero ¡no teman! se acerca una buena oportunidad de compensar esta falla. Me refiero, por supuesto, a la lluvia de estrellas llamada "las leónidas" que ocurrirá la madrugada de este martes 17 de Noviembre y que tendrá la gran ventaja (rara vez sucede) que ocurrirá cuando tengamos Luna nueva así que la luz de la Luna no obstruirá el espectáculo.


Una lluvia de estrellas no es más que una gran cantidad de estrellas fugaces en una sola noche. Estos eventos anuales ocurren cuando la órbita de la Tierra se cruza con la estela de "arena y polvo" que algunos cometas dejan a su paso. Así es, la mayoría de las estrellas fugaces no son más que granos de arena y motas de polvo entrando a nuestra atmósfera a velocidades increíbles, consumiéndose en el proceso y dejando tras de sí una estela luminosa. A la lluvia de estrellas de la semana que viene se le llama "leónidas" porque todas las líneas que forman las estrellas fugaces parecen surgir de un sólo punto en la constelación de Leo. De la misma manera, tenemos nombres similares para otras lluvias de estrellas: oriónidas, gemínidas, perséidas, etc.

La Tierra tuvo la falta de consideración de realizar este evento público en martes, pero espero que eso no los desanime del todo para disfrutarlo al menos por algunos minutos. He aquí mi recomendación: encuentren un lugar cerca de su casa desde donde puedan recostarse viendo al cielo en el que ninguna luz de su casa o farol de la calle les apunte directamente a la cara y, si está despejado claro, salgan la madrugada del martes entre las 4:00am y las 5:00am bien abrigados y con una buena taza de chocolate caliente a disfrutar del espectáculo. No necesitan más que sus propios ojos. Si quieren pueden aprovechar esta oportunidad para aprender a identificar algunas de las constelaciones, una buena forma de empezar es imprimiendo un planisferio de estrellas ("star wheel" en inglés, por ejemplo este) o usando un software libre como Stellarium (Windows, Linux) o KStars (Linux).

Si quieren llevar la experiencia al siguiente nivel, puden comprar un par de binoculares de 7x50 o 10x50, cuestan entre $500 y $800. Se sorprenderán de la cantidad de estrellas que se pueden ver a través de ellos. Incluso podrán distinguir la nebulosa de Orión donde están naciendo nuevas estrellas y el cúmulo llamado "las Pléyades" es simplemente hermoso. En otra ocasión con estos mismos binoculares podrán distinguir, por ejemplo, algunas de las lunas de Júpiter o la galaxia de Andrómeda.

Vivimos rodeados de maravillas naturales que nos pasan desapercibidas, los invito a que este martes nos tomemos al menos unos 20 minutos para admirar una de ellas.

Andrés G. Saravia
Mérida Yucatán
ags3006@gmail.com



P.S. Si quieren oír a un profesional hablar de lluvia de estrellas pueden escuchar este podcast (en inglés). Y no se olviden que este es el "año internacional de la astronomía", visiten su blog en México. Vean también este artículo de la NASA respecto a las leónidas 2009.


También publicado en Sistemas Integrales de Computación